miércoles, 23 de octubre de 2013

Cuando un amigo se va...

Este verano se nos fue nuestro compañero Antonio Canzobre, pero seguirá aquí mientras esté en nuestro recuerdo. 

Nuestro compañero y amigo Antonio Canzobre fue sobre todo un buen maestro en el sentido más genuino de la palabra. Ejerció muchos años en Zafra donde dejó un gran recuerdo entre sus compañeros y entre sus alumnos; luego, cuando se crearon en las universidades españolas los centros pilotos él, a propuesta de la Universidad de Extremadura, fue maestro y primer director del Colegio Público Guadiana de Badajoz desde donde promovió encuentros en Extremadura entre los Centros Pilotos de las diferentes universidades españolas, posteriormente trabajó como logopeda en la bella ciudad de Olivenza y terminó su vida profesional en la escuela Aneja de Badajoz, donde formó parte del equipo directivo en un periodo muy especial y difícil como consecuencia de la implantación de la coeducación en las emblemáticas Escuelas Anejas de Badajoz. Su prudencia y su gran sentido común contribuyó mucho desde el Equipo Directivo a que el proceso llegara a buen fin.

Antonio fue un hombre bueno en el sentido machadiano del término y un hombre de gran coherencia tanto en el ámbito personal como profesional. Esta coherencia le llevó a comprometerse de manera muy significativa con la renovación pedagógica en Extremadura. Formó parte del grupo de maestros jóvenes y entusiastas que allá por los años setenta pusieron en marcha la primera Escuela de Verano de Extremadura que se celebró en Piornal, un pueblo precioso del norte de Extremadura. El nombre de Piornal ha quedado asociado para siempre con la renovación pedagógica en Extremadura.

Al final de los años noventa participó en la puesta en marcha del Forum de la Educación en Extremadura. Fue miembro de la primera Junta Directiva del Forum con el cargo de tesorero y gestionó la sede social del Forum, que quedó establecida en la Escuela Aneja de Badajoz de cuyo equipo directivo Antonio formaba parte. También formó parte del grupo de los cincuenta profesionales de la educación que pusieron en marcha la Fundación Juan Uña para la Educación y el Desarrollo en Extremadura, cuyos Estatutos recogen una orientación pedagógica que se inspira en los principios de la Escuela Activa y de la Institución Libre de Enseñanza.

Ya jubilado, promovió con otros ciudadanos de Badajoz, la creación del Ateneo de Badajoz en el que Antonio y su mujer Carmen han sido socios muy activos. Carmen, maestra también, apoyó y participó con Antonio en todas las iniciativas a que le llevó su gran compromiso y conciencia social. Para quienes conocimos y quisimos a Antonio resulta difícil hablar de él sin pensar en Carmen, mujer emprendedora que animó a Antonio a viajar por el mundo en sus últimos años de vida. Carmen cuidó a Antonio en los últimos meses; cuando él perdió la memoria y tenía dificultad en reconocer a las personas, a Carmen siempre la reconoció.

Antonio sabía muy bien que la educación es amor, cercanía, cordialidad, que practicó en alto grado con sus alumnos y con aquellos que tuvimos la suerte de gozar de su amistad. A las cenizas de Antonio Canzobre se les puede aplicar el verso de Quevedo. Tus cenizas, Antonio, “polvo serán, más polvo enamorado”

Descanse en paz.

1 comentario:

  1. Trabajo en el Registro de fundaciones de Extremadura y revisando una documentación de la fundación Juan Uña me he tropezado con la información que D. Antonio se ha muerto, se nos ha muerto. Fue mi profesor, mi mejor profesor. Me dio clase en EGB y aun lo recuerdo. No he vuelto a saber de él desde que me fui de Zafra siendo un niño, pero siempre ha estado en mi cabeza como un gran hombre, un hombre al que parecerse, un hombre al que admirar. Ahora tengo casi 50 años y se me erizó el vello de la piel cuando leí que había fallecido, se me hizo de noche. La tristeza me invadió y la pena me llevó de repente de vuelta a un colegio en Zafra donde recibía clases de un profesor entregado, íntegro, con afán por enseñar y amor a la educación y a los alumnos. Un profesor al que daba gusto oír y con el que no te importaba que la clase durara más. A mi me marcó y me hizo ver en él, valores como el trabajo, la generosidad, la profesionalidad y la cercanía... Me enseñó a ser un buen estudiante y una buena persona, a disfrutar de lo que estudiaba porque a su vez el disfrutaba enseñándolo. Ahora sé que te fuiste hace unos años, imagino que todos los que te rodearon te echan de menos, pero tienen la suerte de contar con tu recuerdo y tu inspiración. Yo me fui de Zafra, pero tu nunca te fuiste de mi. Descansa en paz D. Antonio.

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